Es una regla. Las inscripciones a los gimnasios crecen
proporcionalmente con el aumento de grados centígrados de la temperatura
ambiente. Un poco porque el frío tienta a quedarse en casa y otro tanto
porque las playas, que en el hemisferio sur pronto iniciarán su
temporada, invitan a ponerse en forma.
Conociendo este hecho, los entrenadores deportivos tratan de imponer
tendencias años tras año para captar más y nuevos clientes sin importar
la estación que marque el calendario. Así, hemos visto emerger
ejercicios de moda como el tae bo, el pilates y el spinning.
Actualmente, el protagonismo lo tiene el entrenamiento funcional (functional training).
Se practica en gimnasios y se diferencia del entrenamiento muscular
tradicional en que se basa en rutinas que ejercitan movimientos
corporales en lugar de músculos aislados. No se utilizan aparatos ni
fierros y pueden armarse diferentes rutinas para cada tipo de objetivo:
estético, descenso de peso o aumento de tonicidad muscular, entre otros.
Al mismo tiempo, se optimizan las diez capacidades físicas generales
del cuerpo:
-Resistencia cardiovascular y respiratoria.
-Resistencia muscular.
-Fuerza.
-Flexibilidad.
-Potencia.
-Velocidad.
-Coordinación.
-Agilidad.
-Balance.
-Precisión.
Como vemos, uno de los puntos relevantes del entrenamiento funcional
es que con él se busca que el deportista desarrolle fuerza y vitalidad
reales: no es sólo una cuestión de apariencias.
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